Una celebración llena de gratitud

La docencia es una de las profesiones de mayor trascendencia en la vida de los seres humanos, encamina su accionar a la superación académica y formativa de las personas y, en consecuencia, de los pueblos que, mientras más cultos, son progresistas y valorados.

Y ¿por qué decía que es de mayor trascendencia?, simplemente porque todos, desde nuestra infancia, hasta llegar a las profesiones de mayor connotación, necesitamos de un maestro(a) que, primero en la escuela, nos enseñó a leer y escribir y a ponernos en contacto con importantes conocimientos; luego, en el colegio, cumpliendo con programas y estándares nutrió nuestra mente para dejarnos  listos para la universidad en las profesiones de nuestra elección y, más tarde, con estudios de cuarto nivel y otros, aún superiores, que responden a la alta competitividad académica y laboral de nuestros tiempos.

Pienso, entonces, que tenemos motivos muy justificados para hoy, Día del Maestro ecuatoriano, aplaudir la invaluable labor que realizan los sembradores de la ciencia y la virtud en terrenos de diversa índole, haciendo que, el maestro denote gran felicidad cuando su mies ha caído en terreno fértil y los conocimientos afloran en la mente de sus discípulos, con cambios significativos de actitud que evidencian sus progresos cognitivos y formativos. La felicidad del maestro (a) se mide en los resultados que obtiene; quizá, también existen momentos de gran frustración cuando los resultados de su trabajo no son los esperados, o cuando le corresponde accionar con grupos bastante conflictivos; sin embargo, su vocación hará que su entrega sea superior y más exigente, hasta lograr sus objetivos.

Hoy, 13 de abril, recordamos a personajes emblemáticos que dejaron estelas de imponderable valor ya como maestros o como escritores: Federico González Suárez, Luis Felipe Borja, Juan Montalvo, Manuel Peñaherrera, Hermano Miguel, Pío Jaramillo Alvarado; de ellos seguimos sus huellas. Sin embargo, recordando con veneración a estos personajes, abracemos con enorme gratitud, el recuerdo de nuestros maestros, de los maestros de nuestros hijos y de todos aquellos apóstoles de la docencia que, en nuestra patria, con viento a favor o en contra, entregan su sabiduría y virtud para seguir forjando el Ecuador que todos necesitemos: libre, democrático, soberano y progresista.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *