La Función Legislativa continua en sus disputas internas y pugnas de poder. Lamentablemente quien preside ese Poder del Estado ha privilegiado su posición personal y arbitraria frente al trabajo legislativo que debe realizar el Parlamento Nacional en miras de cumplir con su finalidad pública, que es legislar y fiscalizar en razón al interés general.
Hace poco días pude leer una declaración de prensa de la presidenta de la Asamblea Nacional, en la que indicaba que ella no es nadie para criticar la gestión del gobierno, situación que deja en evidencia en que manos está la Función Legislativa, puesto que a pesar de tener la legitimidad que le otorga el voto popular y de su facultad constitucional de fiscalizar los actos del poder público, advertimos que no tiene idea de que hacer o como dirigir tan importante institución de Estado, sin embargo, con uñas y dientes desea mantenerse en el cargo a toda costa y recurriendo a cualquier artimaña de nuestra caduca y permanente clase política.
La historia nacional nos ha dado muestras de que por más cambios normativos que se hayan dado en las leyes electorales, mantenemos un sistema tortuoso de representación, ya que seguimos secuestrados en los dueños de los partidos políticos que toman decisiones e imponen sus candidatos para que sean aclamados en procesos de democracia interna. Actualmente poseemos una Asamblea con índices menores al 20% de credibilidad, con pocos avances normativos y abundantes problemas de todo tipo, lo que nos puede hacer colegir que las cosas poco o nada cambiarán, ya que incluso se avecina un nuevo proceso electoral y la coyuntura nacional ira pasando de escándalo en escándalo.
Daniel González Pérez
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