Se ha vuelto normal que los usuarios internos y externos de nuestro sistema de salud, estén inconformes del trato que reciben, De esto los usuarios no tiene la culpa, pero si nuestro sistema de salud que ha sido prostituido por el mal uso que algunos le han dado. Sin embargo, su esencia es buena: simboliza el arte de hacer posible lo necesario. Es por eso que sigo pensando que la salud puede y debe servir para construir un mundo mejor.
Lastimosamente, hemos llegado a creer que un sistema de salud funciona eficientemente mientras tengamos hospitales a la vuelta de la esquina o mientras más medicina llevemos a nuestras casas luego de una atención médica. Pero un eficiente sistema de salud es más que eso: necesita ver más allá de lo clínico, porque existen varios actores que resultan esenciales como la prevención, promoción de la salud, resiliencia o garantizar la sostenibilidad, a través de liderazgos inclusivos con visión de innovación y responsables con el medio ambiente. Sin duda, el sistema de salud de un país es el mejor mecanismo político-social para ayudar a disminuir la pobreza y mejorar la equidad. Para lograrlo, se tiene que construir acuerdos políticos para consolidar el sistema de salud como un objetivo nacional, para ello se requiere de consensos entre la dirigencia política, la sociedad civil, academia y los actores institucionales.
Por eso yo creo en un sistema de salud con visión de futuro, justo todo lo contrario al sistema implantado. Creo en un sistema de salud generoso, cercana, comprensivo, sostenible, humano, incluyente y responsable con el medio ambiente. Un sistema de salud que contemple la solidaridad como un valor imprescindible, lo que implica, desde luego, pensar en el otro y que tenga como fundamento el sentido común, para que el sistema de salud que algún día dejaremos a nuestros hijos, gire en torno al ser humano.
Andrés Sigcho
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