Sería oportuno que, por semana santa, cuando encomendemos la salud y bienestar de nuestros familiares y amigos, nos demos tan solo un minuto para dar gracias por el amor que nos mantiene unidos, con el implícito deseo de que se extienda por mucho tiempo más y les recomiendo este hermoso Padre Nuestro:
Padre nuestro que estas en las flores,
en el canto de los pájaros, en el corazón que late.
Que estas en la compasión, en la caridad, en la paciencia
y en el gesto del perdón.
Padre nuestro que estas en mí, que estas en el que amo
en el que me hiere, en el que busca la verdad.
Santificado sea tu nombre por todo lo bello, bueno,
justo y misericordioso que eres.
Venga a nosotros tu reino de paz y justicia,
fe y caridad, luz y amor.
Hágase tu voluntad, aunque mis suplicas
valoren más mi orgullo, que mis verdaderas
necesidades.
Perdona mis ofensas, mis errores, mis faltas
cuando mi corazón se enfrié.
Perdóname, así como yo puedo perdonar
a los que me ofenden, aun cuando mi corazón
esté herido.
No me dejes caer en las tentaciones de errores,
adicciones y egoísmo.
Líbrame de todo mal, de toda violencia,
de toda desgracia, de toda enfermedad.
Y libérame de todo dolor de toda angustia
de toda desilusión.
Pero, aun así, cuando tales dificultades se hagan necesarias, deja que tenga la fuerza y el coraje de decir, gracias padre por esta lección. ¡Que así sea!
Talía Guerrero Aguirre
talia.guerreroa@hotmail.com