Un Ecuador con zonas marrones

Hace ya muchos años, G. O’Donnell nos advirtió de la existencia de “zonas marrones” dentro de un Estado, esto es, aquellos territorios o lugares donde la capacidad estatal, el orden y la legalidad existen de manera fragmentaria e intermitente y, consecuentemente, donde los derechos de los ciudadanos no se garantizan. Estas zonas no solo se pueden caracterizar por su nivel de violencia, sino también por una institucionalidad débil que ha perdido su capacidad de ejecutoría.

El Ecuador de hoy encaja perfectamente en este modelo, si consideramos que, sobre todo en la región Costa, existen provincias como Guayas, Los Ríos, Esmeraldas o Manabí donde imperan las economías ilegales, la disputa de las bandas por el control territorial y una violencia criminal sin precedentes. Mientras eso sucede, la economía formal y la gente inocente pagan un altísimo costo. 

Ni qué decir de las cárceles que en varias ocasiones se han convertido en verdaderas carnicerías humanas, mientras el control interno, que hace rato ya no está en manos del Estado, es disputado por las bandas criminales con mayor capacidad de acción y reacción. A eso hay que sumarle la corrupción que ha penetrado de forma impresionante los centros penitenciarios.

Adicionalmente, salta a la vista la situación de la frontera norte del país que está infestada también de economías ilegales, grupos armados y un escaso control del territorio y la seguridad para la población. Sin dejar de lado las periferias urbanas y zonas rurales en las que el acceso a servicios públicos, desde los más elementales, es muy limitado. Lo propio ocurre con el acceso a la justicia, la salud y al trabajo. Sin embargo, lo curioso es que ese mismo Estado que tiene tremendos vacíos donde debería estar presente, comete excesos en el ejercicio del poder. 

Bajo estas premisas, siguiendo al politólogo argentino, la ecuatoriana es una ciudadanía desigual, por cuanto su desarrollo humano pleno está condicionado a si habita o no en zonas marrones, lo cual no es un problema menor. Al contrario, genera consecuencias estructurales: aumento de las brechas socioeconómicas, debilitamiento de la democracia, surgimiento de autoridades paralelas y respuestas autoritarias, algo que, de hecho, ha caracterizado al actual gobierno. ¿El nuevo Ecuador, acaso? Sí, el de las zonas marrones.

José Luis Íñiguez G.

joseluisigloja@hotmail.com

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