Cuando el homenaje se queda a medias

En una tarde de sol, en el corazón de la ciudad, me encontré con un amigo. Nos saludamos con la cordialidad de siempre y, como ocurre entre quienes comparten memorias y afectos, la conversación derivó por varios asuntos. Uno de ellos -no menor- fue la costumbre de nuestras autoridades lojanas de honrar a los hombres ilustres con estatuas de medio cuerpo.

-Cada vez que veo uno de estos monumentos – dijo mi amigo, con serena indignación – tengo la impresión de que nuestras autoridades piensan en pequeño y solo en contadas ocasiones en grande.

Su frase, no fue un reproche, fue un diagnóstico. Y, en efecto, llama la atención que la grandeza de quienes hicieron la historia de Loja se represente solo en un medio busto, como si su legado pudiera reducirse a una parte de su figura.

Tengo entendido que esta costumbre, tal vez motivada por economizar recursos, refleja en el fondo una falta de visión. Mientras otras ciudades levantan monumentos que dialogan con el progreso y honran a hombres ilustres, nosotros parecemos conformarnos con evocaciones incompletas, discretas y limitadas.

La grandeza de un pueblo no se mide solo por su historia, sino por la forma en que decide recordarla. Reducir a medio cuerpo el homenaje a nuestros ilustres hombres es, quizá sin quererlo, reducir también nuestra propia conciencia histórica.

Frente a ello, haría falta aprender de ciudades que piensan en grande, no por vanidad, sino porque la memoria, cuando se honra de verdad, no solo recuerda, sino que también educa, inspira y proyecta. Honrar nuestra historia con visión es también sembrar futuro, convirtiendo cada recuerdo en impulso para trascender.

Así lo veo y siento.

Jaime A. Guzmán R.

jaimeantonio07@hotmail.es

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *