Las cárceles son el reflejo de cómo vive una sociedad. La violencia que hemos visto en el infierno (in firmis, no firme, enfermo) de las cárceles es la misma violencia que se vive fuera, ergo, en los barrios…, pero aquí maquillada y solapada. ¿Cuál es la solución para salir (resucitar) del infierno? Convirtamos a nuestras familias, barrios, cárceles en doukhoboros (luchadores del espíritu). Los doukhoboros aparecieron en Rusia (siglo XVIII), lo conformaban los campesinos trabajadores, abstinentes, honrados y leales a toda prueba, se basaban en el Evangelio, practicaron la no-violencia, la no-resistencia contra el mal y se negaban a participar en los ejércitos y en las guerras. Según E. Armand los doukhoboros se basaron en los siguientes principios: “1. La base del doukhoborismo es el Amor: el fuerte debe ayudar al débil. 2. Un doukhobor no mata, ni de hecho, ni de palabra, ni de silencio. 3. Un doukhobor no explota, no acumula capital, porque es un medio de explotación. 4. Si la verdad, la libertad o la fraternidad lo exigen, un doukhobor abandona su familia y vive fraternalmente. 5. Un doukhobor vive en la renuncia de lo corruptible; se libera de las malas costumbres, luchan y sufren por el ideal de la Fraternidad Universal. 6. Al renunciar, un doukhobor abandona todas sus ganancias para el bien del pueblo, cumpliendo así el mandato de Cristo: “Vende todo lo que tienes, y sígueme”. 7. La base es el trabajo y el dinero lo ponen a disposición de todos. 8. La educación de los niños y de las niñas se persigue en la palabra de Dios y su maestro es Cristo”. Para transformar las cárceles todos debemos cooperar, dejar a un lado nuestro egoísmo narcisista que nos tiene paralizados y cumplir con la obra de misericordia corporal: visitar a los presos. No conocemos a nuestros presos, no los visitamos, esto es una muestra del odio que les tenemos. Cuando odiamos aparece el sin ti y el contra ti; sin ti, muérete perro, no te conozco; contra ti, haré todo lo posible para destruirte.
Jorge Benítez Hurtado
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