Uno de los pilares fundamentales para garantizar la atención oportuna y efectiva en salud pública es el sistema de referencia y contrarreferencia. Este permite que pacientes atendidos en centros rurales o de primer nivel puedan ser derivados, según la complejidad de su situación, a hospitales de segundo o tercer nivel como el Hospital Isidro Ayora, y luego regresar con diagnóstico y tratamiento a su unidad de origen. Sin este engranaje, el sistema de salud colapsa o actúa tarde.
Imaginemos a una mujer embarazada que acude a una unidad de salud rural en Espíndola con signos de preclamsia. Gracias al nuevo sistema, el personal médico puede generar en tiempo real una referencia con agendamiento y firma digital, permitiendo su traslado inmediato al Hospital Isidro Ayora de Loja. Allí recibe atención especializada. Una vez estabilizada, retorna a su comunidad con seguimiento garantizado. Antes del sistema, este proceso podía tardar días o incluso no concretarse adecuadamente, con consecuencias fatales.
La Universidad Nacional de Loja (UNL), con el financiamiento del Fondo Ítalo Ecuatoriano para el Desarrollo Sostenible (FIEDS) a través del proyecto PROSALUD Frontera Sur, que culmina en junio de 2025, aportó decididamente al Ministerio de Salud Pública (MSP) con el diseño, desarrollo e implementación de un moderno Sistema de Referencia y Contrarreferencia para la Coordinación Zonal 7 – Salud.
Los resultados hablan por sí solos. El sistema ha sido implementado en los 314 establecimientos de salud de la Zona 7, y ha empezado a expandirse a otras zonas del país. A la fecha, se han creado más de 219 mil registros de pacientes, con más de 71.500 referencias y 6.300 contrarreferencias realizadas. Solo en mayo de 2025, se registraron 5.838 referencias y 529 contrarreferencias, con un promedio diario de 289 atenciones canalizadas correctamente gracias al sistema.
Este aporte de la UNL no solo es una inversión tecnológica, sino una contribución estructural al derecho a la salud. Ha permitido salvar vidas, optimizar recursos y acercar el Estado a las comunidades más alejadas. Es un ejemplo de cómo la articulación entre academia, cooperación internacional y Estado puede generar soluciones reales, sostenibles y replicables.
Kevin Jiménez Villavicencio
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