Uno de los problemas que enfrenta la sociedad en países como el nuestro, es el exceso burocrático, lo torpe de su accionar, el poder que ejerce dentro del Estado y los privilegios que por ese poder han asumido frente a la población.
Max Weber, sobre la autoridad y la organización social, explica en la Burocracia y sus Excesos, que cuando esta es transparente, la eficiencia y la racionalidad son el plus que permite una correcta organización administrativa, ya que se caracteriza por reglas claras, jerarquía y especialización; pero en el caso contrario, su exceso, lleva a la sociedad a una «jaula de hierro», donde las personas quedan atrapadas en procedimientos rígidos y despersonalizados.
Generando pérdida de flexibilidad, creatividad y autonomía, lo que se traduce en una abrupta distancia entre los servidores públicos y los fines de la institución, afectando directamente a la población y al desarrollo social.
Es decir, una burocracia excesiva genera ineficiencia, deshumanización, resistencia y torpeza en los procedimientos, deteriorando la efectividad y la moral al interior de las instituciones. La carencia de estos factores incide directamente en el desarrollo, los procedimientos, los tiempos y los ciclos económicos de la sociedad, la institución y el Estado.
Según el Banco Interamericano de Desarrollo, completar un solo tramite en la región le lleva a la ciudadanía un promedio de 5,4 horas, y en algunos países hasta 11 horas, el costo por este trámite le representa al Estado hasta 40 veces más por la ineficiencia administrativa.
Si analizamos al 2024 el Presupuesto General del Estado, según el Ministerio de Finanzas fue de USD 35.536,04 millones, 9.900 millones se destinaron al pago de 490.000 burócratas (Primicias, 2025). Si observamos detenidamente el dato, cada burócrata en promedio recibió USD 20.205/año, y el resto de los ciudadanos en promedio, descontando 3500 millones destinados al pago de deuda, recibimos en beneficio en obras de desarrollo y prestación de servicios USD 1.900/año, del que se beneficia también el sector burocrático, claro que pagamos impuestos.
Así de simple, si observamos la olla sin agregar el caldo.
Pablo Ortiz Muñoz
acuapablo1@hotmail.com