Según nuestro proceso evolutivo de conciencia, cuando estamos en modo sufrimiento, nada ni nadie logrará hacernos sentir bien. Aquí una motivación para repetirla frente al espejo, aunque nos cueste.
“La vida es hermosa, feliz y completa; así me siento. Me miro en el espejo y puedo asegurar que por fin me gusta lo que observo, una mujer sobreviviente a las voces de su cabeza, a los esqueletos de su armario, a las palabras que le gritaron para matar su alma, una mujer sobreviviente a las veces que se ha roto en mil pedazos, a la obscuridad cuando su luz se apaga y mientras más pasan los años más hermosa me siento; no solo por mi fortaleza para levantar la cabeza cuando todo va mal, también por la libertad de mi mente, por comenzar desde cero aún con todos mis miedos, por saber que merezco lo mejor, por tomar mi tiempo. Veo a una mujer fuerte en todos los aspectos que con orgullo puedo contar mis miles de historias; sobreviviendo a este mundo y a sus ruidos, a la gente, a lo dañino a las muertes de mis seres queridos, con todo y mi pasado, con todas las cargas y con toda mi armadura formada, por fin me veo, me siento radiante, hermosa y me reconozco”.
Muchas mujeres hemos tenido que enfrentar cuantas batallas en la guerra llamada vida, para darnos cuenta de lo valiosas y fuertes que somos, y vencer lo que nos impida ser felices.
Talía Guerrero Aguirre
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