Sobre los perrohumanos (therians)

Lo cierto es que antes tenían prioridad las personas, luego los animales y al último las cosas (dinero, bienes). Pues resulta que esta escala se invirtió y hoy se prioriza a las cosas, luego a los animales y finalmente a las personas (siempre y cuando estas tengan cosas, dinero y animales con pedigrí). Esta inversión o transvaloración de todos los valores (Umwertung aller Werte) como lo sostuvo el filósofo alemán Nietzsche está provocando que los «humanos no fijados todavía» en lugar de aspirar a ser más humanos, superhombres (Nietzsche dixit) o más personas dignas (persona entendida como identidad relacional amorosa abierta hacia lo que le trasciende), más bien prefieren convertirse en perros o monstruos (del griego theratos = monstruo). Pregunto: ¿por qué las gentes en lugar de preferir a las personas (p. ej. tener hijos, adoptar niños huérfanos) prefieren a los perros o, lo que es peor, ser como ellos? La respuesta es simple, porque las mascotas o los perros son obedientes, sumisos y dan prestigio a sus amos. Una vez convertidos los humanos en perros (como proponen los famosos therians) o en cerdos, que da igual, asumen automáticamente un rol de sumisión, obediencia e inmediatamente son exhibidos para que el perrohumano dé más prestigio a sus dueños; lo que no harían con un simple perro pulgoso o callejero, a quien nadie se atreve a exhibirlos ni adoptarlos. Ante esta realidad lo que vaticinó George Orwell en su libro «Rebelión en la granja» se quedó corto, porque este autor dijo: «No había duda de la transformación de los rostros de los cerdos. Los demás animales, asombrados, pasaron su mirada del cerdo al hombre y del hombre al cerdo; y de nuevo del cerdo al hombre. Pero ya era imposible saber cuál era uno y cuál otro». En fin, si bien el perro o el cerdo a secas son excelentes animales, la mujer o el hombre emperrecido (therians) o encerdecido no pasan de ser animales des-naturalizados. Y, si no pareciese perverso, yo levantaría un monumento al perro o al cerdo en cada ciudad, aunque sólo fuese para avergonzar al hominoperruno y al hominocérdido.

Jorge Benítez Hurtado

jabenitezxx@utpl.edu.ec

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