El síndrome de Estocolmo es una reacción psicológica, en donde la victima de una agresión, generalmente un secuestro, desarrolla un vínculo afectivo con su agresor (o secuestrador en el ejemplo). Aunque según los entendidos, la ausencia de violencia, se mal interpreta como un acto humanitario, este síndrome, en nuestra sociedad, se presenta incluso existiendo agresiones de diferentes tipos.
La víctima, no solo genera un vínculo afectivo con su victimario, sino también un sentido de complicidad y de defensa. Es así que a diario se ve como las víctimas son los principales defensores y cómplices de sus propios victimarios.
Así, por ejemplo, en varios trabajos donde existe explotación, muchas veces el explotado es el principal defensor del explotador, y si alguno de sus compañeros, quiere oponerse o hacer resistencia, termina siendo fuertemente criticado y agobiado.
En las estafas piramidales que se han presentado, varios de los estafados, defienden a capa y espada a los estafadores, incluso habiéndolo perdido todo o sabiendo que están en actividades ilegales.
De igual manera, suele pasar con los gobernantes, mientras más malo es el gobernante y sus acciones más afectan a una clase social, esa clase social se convierte en la que más lo defiende. Y lo peor, cuando quieres rescatarlos, se convierten en enemigos, capaces de todo.
Seamos ese agente de cambio, que la sociedad tanto lo necesita, no sigamos al montón.
Santiago Ochoa Moreno
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