¿Silencio cómplice?

El 9 de agosto del presente se cumplió un año del vil asesinato de Fernando Villavicencio, reconocido periodista, político y candidato presidencial. La campaña electoral, de la que Villavicencio fue protagonista, se ensombreció, tomó un rumbo diferente y arrojó resultados que nadie pronosticó. Villavicencio fue una figura controversial, pero no se puede desconocer que reveló, con claras evidencias, múltiples casos de corrupción de redes mafiosas.

A los incrédulos les recuerdo que el caso “arroz verde”, de la autoría de Villavicencio, derivó en el caso judicial “Sobornos 2012-2016”, que sentenció a prisión y pérdida de los derechos políticos, entre otros, a Rafael Correa, actual prófugo de la justicia, y Jorge Glas, por ahora huésped de La Roca.

Los casos “Metástasis”, “Purga” y “Plaga” evidencian los vínculos entre el sistema de justicia, los partidos políticos y el crimen organizado transnacional. Varios de estos hechos ya fueron denunciados por Villavicencio, conforme se puede observar en sus cuentas personales de las redes sociales, que felizmente se mantienen activas.

El asesinato de Villavicencio ha representado un durísimo golpe a la endeble democracia ecuatoriana, no solo porque se asesinó a un candidato presidencial, sino que se trastocó la voluntad popular al impedirse que un gran sector de la población vote por el candidato de su preferencia.

Llama mucho la atención que el Gobierno Nacional, la Asamblea Nacional y varias “personalidades” políticas del país hayan guardado total silencio en el aniversario del execrable crimen. Parece que la memoria de Fernando Villavicencio todavía incomoda a los círculos de poder.

Gustavo Ortiz Hidalgo

gortizhidalgo@yahoo.com

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