Sexualidad y genitalidad

En todas las sociedades humanas: primitivas o modernas, cerradas o abiertas, conservadoras o liberales, la sexualidad ha sido un componente importante de las mismas.

Y es que el sexo es parte natural y biológica del ser humano, por lo que todas sus expresiones son expresiones nacidas de esa naturaleza. No puede haber continuidad de la especie si no hay el acto sexual entre los dos sexos.

El tomar alimento es una actividad natural, pero también se conforma una cultura respecto de su manejo y provecho: se recogen los frutos; se los prepara; se los adorna; se los sirve en un lugar especial; se le da un sentido social; etc. También ocurre con otras actividades: el dormir, el conversar, el trabajar. Pues bien, la cultura que se adiciona a lo natural es algo que no la tienen los animales o las plantas: solo el hombre es capaz de darle a lo natural ese toque superior, porque en el hombre existe ese afán de lo superior.

En este tenor, el sexo también adquiere en el hombre un orden que sobrepasa lo instintivo, lo irracional. La sexualidad se integra en todo su ser: su sexo, sus acciones, sus afectos, sus sentimientos, su voluntad, etc.

En cambio, la genitalidad se circunscribe a los órganos genitales. Y como dice Zanini, (1 980), “para realizar plenamente la sexualidad, no es necesario ejercer el derecho de la genitalidad”. Por otro lado, la sola genitalidad lo deja al ser humano en lo animalesco y mutila su posibilidad de darle ese toque especial que lo diferencia de los demás seres de la naturaleza.

Si cada vez que ponemos nuestros sueños en lo más alto, no llegamos siempre a conseguir la meta, cuando esos sueños no pasen de lo pequeño, los resultados estarán, con mucho, debajo de lo anhelado. Así que miremos siempre lo más alto y hermoso, y recibiremos algo satisfactorio.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

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