En el estado actual de este “mundo loco” nos encontramos con una incógnita que la mayoría nos preguntamos:
¿Hasta dónde llega el alcance del derecho a la vida frente al derecho al libre desarrollo de la personalidad cuando se trata de evitar contagios?
La salud es un bien básico garantizado por el estado y valor importante en una democracia liberal donde “la autoridad moral la tiene el individuo.” Mientras que el libre desarrollo de la personalidad nos permite realizarnos como humanos.
¿Es el derecho a la protección de la salud una amenaza para la autonomía de las personas?
Tanto la libertad como la salud son derechos que necesitan más precisión técnica para relacionarlos adecuadamente con la pandemia y su contexto, y para reflexionar correctamente sobre ellos desde el Estado y desde la sociedad.
La política sanitaria es una obligación moral que todo estado debe imponer. Si mediante la razón se pudiera comprometer a la gente hacia la prevención de contagios, la imposición coactiva fuera innecesaria y no se asumirían en entredicho las creencias personales por partes de quienes defienden y eluden las vacunas.
Hay diversidad de religiones, costumbres y opiniones opuestos a los avances técnicos, científicos y especulativos. Se deben respetar estas diferencias y debe existir un sistema público de salud que sea garantía de bienestar personal tanto a nivel moral como físico.
“Hay que hacer lo que hay que hacer.”
Jaime Vinicio Meneses Aguirre