República del Letargo, República de la Parsimonia…

Parecería que en este país nada funciona. No solo es ya la República del Banano Estupefaciente, sino la República del Letargo, la República de la Parsimonia. Eso de llamarnos Ecuador adquiere cada vez menos sentido. Hay todo un prontuario de sinsabores que nos acechan a los ciudadanos, entre ellos a los lojanos. Ahí está, por ejemplo, el caso del deslizamiento en Nangora, en la vía Loja-Malacatos/Vilcabamba. Desde hacía meses –por no decir años– que se advertía de la gran magnitud del problema, pero nada de soluciones. Solo un poco de burócratas pipones que bastante saben de improvisación, de indolencia. Solo un gobierno que se ha dedicado, paradójicamente, a asesinar flagrantemente el desarrollo turístico, la economía local, el emprendimiento, el encanto inclusive de una zona tan privilegiada como es la que atesora nuestras parroquias surorientales. ¿Quién no va a sentir temor de viajar sabiendo el peligro que representa? ¿Qué turista va a querer trasladarse sabiendo que no hay certeza sobre su retorno?

Hemos vuelto a ser la República de la Improvisación, la República Desplanificada. Todo se hace sin visión técnica, sin una planificación adecuada que resuelva el problema. Maquinaria insuficiente, plazos que no se cumplen, días enteros en que no se trabaja, indiferencia por todo lo que esto provoca a nivel económico y turístico. A tal punto que ahora, recién a estas alturas, “analizan” la posibilidad de una vía alternativa hasta lograr superar el problema de manera definitiva. Quizá recién están captando, nuestras iluminadas autoridades, la gravedad del asunto. Pero no hay certezas, no hay seguridad de nada. Todas son “posibilidades”, mientras se sigue configurando una economía deprimida que puede tener consecuencias irreversibles.

Y así convierten a esta Loja, otrora gloriosa, en un reducto de ineptitud, en un cantón de baja monta. Y sí, la indignación debería ser consagrada un derecho humano, pero la falta de reflexión electoral debería ser considerada un craso pecado de la democracia. Porque pese a toda esta desazón, Loja optó mayoritariamente en las urnas por un régimen que la está hundiendo en el fango de la miseria y el retraso, que la está condenando al ostracismo propio de los pueblos estériles.

José Luis Íñiguez Granda

joseluisigloja@hotmail.com

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