Renuncias y denuncias

La semana no fue tan santa para la alcaldesa, Patricia Picoíta Astudillo. Debió afrontar una situación incómoda producto de la falta de experiencia. Recibió el cargo de manera repentina y está pagando piso por su improvisación.

La semana se inició con la renuncia y denuncia de su asesor Darwin Abendaño, quien luego de 40 días de penitencia salió corriendo de la alcaldía porque le perseguían los “allegados” de la autoridad municipal. Salió en busca de un confesor para preguntarle ¿Es pecado el tráfico de influencias? ¿Su desacuerdo por la presencia permanente del hijo de la alcaldesa en el despacho de la autoridad municipal? ¿La observación a la burgomaestre por la desobediencia en el trámite de proyectos planificados? Y otras culpas que no son su culpa.

La semana se complicó por la denuncia del concejal Nixon Granda, en el sentido de que “la alcaldesa empieza a dar indicadores de no cumplir con lo planificado”. Citó dos casos. El proyecto de vivienda Jardines de Punzara está en duda. Han regresado los que dicen ser propietarios de los terrenos a exigir al municipio que “me devuelvan lo que es mío”. Y el caso del viaducto El Rosal, cuyo proyecto ya está adjudicado, sin embargo, en vez de dar cumplimiento al contrato para iniciar la obra, cambia el destino de los recursos, corriendo el riesgo de que el ayuntamiento lojano sea demandado.

La alcaldesa ha explicado que la presencia de su hijo en el despacho solo es para saludar a mamita. Sin embargo, los concejales piden explicaciones sobre estas renuncias y denuncias.

La vecindad lojana, que espera unos días más para una evaluación de la administración municipal- que según el concejal Patricio Lozano “va de mal en peor”- desea que el mensaje de Semana Santa logre un propósito de enmienda, para que se gane su permanencia como alcaldesa de Loja.

Adolfo Coronel Illescas