El texto bíblico “Hechos de Pedro”, relata que cuando Nerón atacaba a los cristianos, Pedro escapó de la persecución del tirano, dejando a su suerte a las huestes cristianas, entonces se encontró con Jesús que llevaba en su hombro una cruz y el apóstol le preguntó: ¿“Quo vadis domine”? ¿A dónde vas Señor?, y Jesús le contestó a ser crucificado de nuevo…Pedro entendió el mensaje y retornó a seguir predicando y luchando hasta su muerte.
Esa es la pregunta que nosotros nos hacemos: ¿Quo vadis Ecuador?, A dónde vas Ecuador, cuando, tenemos la sensación de que nuestro país se encuentra solo, desorientado y sin rumbo fijo porque falta liderazgo, con problemas que, lejos de solucionarse, más se incrementan, porque no hay una respuesta positiva de los poderes del Estado que debieran enrumbar la buena marcha del país.
Veamos: el poder legislativo, con apenas el 10% de credibilidad, se ha convertido en un polvorín: hace rato que no hacen nada por estar en discusiones baladíes e inoficiosas, con claros afanes políticos: el bloque oficialista tratando de salvar la cabeza de Llori, a quien los recursos legales ya se le agotan, y el bloque opositor, liderado por UNES que, sin pudor, aspira tomarse algunos organismos del Estado en busca de impunidad para sus líderes que, incluso, tienen sentencias ejecutoriadas.
El poder Ejecutivo que comenzó, hace un año, con grandes expectativas en materia de salud con la vacunación anticovid, logrando reconocidos éxitos, y salvando millones de vidas, no ha podido salir airoso frente a los graves problemas se inseguridad, educación, falta de medicinas, pobreza, etc. El Presidente, sin un buen asesoramiento, a ratos se descontextualiza contra sus adversarios con expresiones que desdicen de su condición de líder y magistrado que debe ostentar. Aparte de ello, tiene a la Asamblea en contra.
El poder judicial, con sus organismos Corte Constitucional, Corte Nacional de Justicia, Consejo de la Judicatura, Fiscalía General y sus respectivos funcionarios y adláteres, están en deuda con el país, porque varias de sus decisiones han pisoteado la dignidad de la justicia. Por eso la pregunta: ¿quo vadis Ecuador?
Darío Granda Astudillo
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