Tras el grito de gol, la realidad del país golpea muy fuerte. Mientras la atención se centra en la selección, la violencia y las extorsiones siguen robando la paz de nuestras familias. Usar el fútbol como anestesia social es un error; la seguridad nacional es urgente y no respeta horarios de partidos.
Tremendo impacto causa ver la falta de empleo mientras los estadios se llenan. Muchos compatriotas no encuentran trabajo y el costo de vida es inalcanzable, lo que empuja a miles a migrar. La economía no se arregla con triunfos deportivos, necesitamos inversión real para generar puestos dignos en nuestra propia tierra.
Tristeza profunda da saber que nuestros hospitales no tienen medicinas. Las familias hacen filas interminables por salud, y los niños estudian en escuelas que se caen a pedazos. Un país avanza educando y sanando a su gente, no podemos olvidar esto por la fiebre temporal de un evento deportivo masivo. La prioridad siempre debe ser el bienestar humano.
Tropezando en la oscuridad, así viven nuestros negocios por los apagones. La crisis eléctrica destruye la producción nacional y paraliza a los emprendedores. Es irónico planificar la vida para ver un mundial cuando no tenemos luz para trabajar. Necesitamos soluciones técnicas serias, no excusas climáticas ni distracciones en la pantalla.
Trucos políticos sobran cuando la pelota rueda. Es la cortina de humo perfecta para tapar escándalos y corrupción. Festejar unidos está bien, pero el verdadero civismo es exigir honestidad a quienes nos gobiernan. Si no despertamos, los problemas seguirán ahí cuando la copa termine. Es hora de abrir los ojos.
Victoriano Suárez Álvarez
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