La gestión de la fauna urbana no es un juego de opiniones, ni un tema que deba reducirse a la simplificación mediática o al ataque directo cuando la técnica choca con el desconocimiento. Recientemente, leí un comentario de una autoridad local, intentando abordar la problemática de las palomas (Columba livia), que ha caído en discursos de corte politiquero; más que una solución, denotan una profunda ignorancia sobre lo que significa realmente convivir y gestionar la fauna en lugares intervenidos por el ser humano.
No discuto los retos que implica el descontrol poblacional en estos animales frente a la salud pública y el deterioro del patrimonio; eso no está en discusión. Lo que resulta alarmante es la propuesta, basada en la simple eliminación de fuentes de alimento para “que mueran”, como si la biología adaptativa de una especie fuera un interruptor que se apaga a voluntad.
La falacia del “simplemente no las alimenten” no resuelve el problema, es ignorar deliberadamente el concepto de “fauna urbana”. Estas especies no han elegido vivir en nuestras plazas por capricho; se han acoplado a entornos que nosotros mismos hemos expandido y transformado, privándolas de su capacidad de búsqueda natural de alimento.
El proceso de adaptación es evolutivo. Creer que una población consolidada puede, de la noche a la mañana, retomar hábitos ancestrales sin un programa de gestión es desconocer la realidad científica. La gestión de fauna urbana requiere medidas proactivas, no solo reactivas o punitivas:
– Control de natalidad: Implementación de sistemas anticonceptivos suministrados a través del alimento, técnica probada para estabilizar poblaciones de manera ética y controlada.
– Gestión de hábitats: Ubicación estratégica de nidales que permitan la recolección controlada de huevos, limitando la eclosión de forma humana.
– Educación y señalética: Más allá de prohibir, es necesario educar para mantener la limpieza de los espacios públicos.
Es preocupante que el debate público se convierta en un intercambio de adjetivos antes que en uno de propuestas. Cuando un servidor público opta por la burla o la respuesta simplista ante una observación técnica, no descalifica a quien opina; demuestra su propia incapacidad. La ciudad no se gobierna con ocurrencias, se gestiona con criterio.
Pablo Ortiz Muñoz
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