Con este título F. Scott Fitzgerald dio el preámbulo a una de las mejores críticas hacia el ser humano: su necesidad por creer y su cómoda elección de creencias.
A través del Amory Blaine de su A este lado del paraíso, el autor describe el pensamiento infundado, en cuatro puntos: 1) la confianza ciega hacia una figura jerárquicamente superior o a sus ideas; 2) la posibilidad de que la superioridad de dicha figura no obedezca a la aptitud sino al poder; 3) la inestabilidad de una realidad que constantemente cambia de figuras, ideas y poderes; y 4) el error de asumir la validez indiscutible de la figura o de sus ideas por falta de exposición a otras.
La literatura adquiere valor cuando se la estima como un conjunto de pensamientos cuyo fundamento se enmarca en contextos que pertenecen al pasado, porque desde el “futuro” se la evalúa como un legado, que guiará a través del recuerdo la corrección de los errores cometidos. Es triste que se ignore este valor y que en algunas situaciones las palabras de Fitzgerald sean un error que presumiblemente existirá.
Es necesario interpretar esta crítica como la constatación de la existencia de un patrón de actuaciones perpetuas, los grandes fanatismos de la historia son prueba de ello. No hay que entenderla como una condena de cumplimiento sumiso ni como la resignación al eterno retorno, sino como una invitación a reflexionar cómo se puede mejorar a través de un pensamiento crítico y comprometido.
Fernando Rojas Meneses
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