Los bochornosos sucesos acaecidos en el transcurso de la presente semana a los alrededores del Centro Comercial Municipal, en el que comerciantes informales y miembros de la policía del ayuntamiento lojano protagonizaron grescas callejeras, en donde una persona perdió la vida, presuntamente producto de un paro cardiaco; caos que tiene su origen a raíz de la reubicación de los vendedores del área de carga y descarga a la terraza del mercado central, repercutiendo concomitantemente en un pésimo antecedente a la imagen de la otrora pacífica, ordenada y culta ciudad de Mercadillo.
Como antecedente a este inconveniente, un informe presentado por la Agencia de Regulación y Control Sanitario (Arcsa), obligó a cerrar el lugar en donde se expendía los productos de primera necesidad al no contar con las medidas higiénicas necesarias para su comercialización, inmediatamente el Municipio de Loja, a través de la Jefatura Municipal de Higiene reubicó a los comerciantes en la terraza del Centro Comercial y que no agradó a todos, en consecuencia las calles, el relajo, el caos, fue la alternativa que les quedó, según dicen los reclamantes.
Este problema social no es de ahora y es el cabildo lojano que con una planificación sistemática y técnica está obligado a buscar la solución definitiva y por ende terminar con medidas “parches” que lo único que han hecho es agravar la problemática; por lo tanto la Alcaldesa y los concejales tiene una “papa caliente”, más aun cuando se próxima un evento electora y que ciertos sujetos políticos interesados en reelecciones o aspirantes a otras dignidades actúen con artificios o simplemente de manera demagógica, eso no sería ético.
La comunidad lojana demanda una solución pacífica, para ello este conflicto no debe ser manejado con un enfoque político sino de manera técnica, es indispensable tender puentes de diálogos, despojarse de actitudes egoístas y prepotentes y por sobre todo desterrar la violencia para de esa manera lograr que Loja continúe siendo el paradigma de una ciudad saludable, ordenada, culta y no un escenario para el enfrentamiento pueblo contra pueblo.
Sybel Ontaneda Andrade
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