El 23 de enero del 2022, el ministro de Defensa de Ucrania decía que su país había recibido ayuda en armas de parte de Estados Unidos por 200 millones de dólares. El 10 de marzo del 2022, el Congreso estadounidense aprobó el uso de parte de sus fondos gubernamentales para ayudar a Ucrania en el conflicto bélico con Rusia. El monto aprobado fue 13.600 millones de dólares, de los cuales, aproximadamente, la mitad es para fines militares. El 11 de marzo, el presidente Biden firmó un paquete de gastos de emergencia, en los que están incluidos 3.650 millones para transferencias y ventas de armas a Ucrania y otros 3.000 millones para apoyar a más tropas estadounidenses en Europa.
El 12 de marzo, la Casa Blanca anunció otros 200 millones en asistencia militar inmediata a Ucrania. La asistencia militar proviene también de muchos países adicionales, incluidos 70 millones de Australia y alrededor de 1.100 millones en suministros militares de la Unión Europea. Hasta aquí, más o menos, 5.500 millones de dólares destinados para armamento; los costos de la parte Este del conflicto deben ser, al menos, iguales. ¡11.000 millones de dólares en armas!, este gasto y el destino del mismo es escalofriante.
Me pregunto (Peripatetismo), si este conflicto sigue en una escalada sin retorno ¿cuál será el gasto en armamento nuclear?” El solo intento racional de proyectar ese valor me preocupa, cuanto más el que se produzca una guerra a este nivel. Lamentablemente, la historia nos ha enseñado que todo aquel que tiene un arma, la que sea, en algún momento la usa, y no solo para defenderse de algún agresor. El Papa Francisco ha manifestado varias veces que un mundo sin armas nucleares es posible y necesario. y que la posesión de estas armas es inmoral. ¡No es posible amar con armas ofensivas en las manos! San Pablo VI.
Richard Serrano-Agila
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