
Alonso de Mercadillo fundó una ciudad a cuál la llamó Loja para recordar a la ciudad de Loja de España. Aunque nuestra ciudad tuvo dos fundaciones: La primera en 1546 en el Valle de Garrochamba, (Catamayo) y la segunda el 8 de Diciembre de 1548 en el valle de Cuxibamba con el nombre de La Inmaculada Concepción de Loja, ambas realizadas por el mismo Capitán Alonso de Mercadillo.
Y si esta vez los lojanos nos convertimos en Mercadillos, no para recordar a los españoles, sino para venerar a quienes son ahora los verdaderos conquistadores que luchan a diario por el desarrollo de nuestra Loja. Pero esta vez en lugar de cargar una espada, estiramos la mano a los informales, en lugar de ocupar un escudo, protejamos al comerciante ante su vulnerabilidad. Y si en vez de un grito de Fundación, unimos las voces con las parroquias rurales y exclamamos su integración socioeconómica.
Además de las otras ciudades fundadas por Mercadillo en esa época, la ciudad de Loja quedó en el centro y se convirtió en la capital de la Gobernación del Yaguarzongo, y si ahora acoplamos el sector agrícola, industrial, comercial, ganadero, financiero, tecnológico y académico para situarlo como el nuevo centro de partida para el desarrollo social y lo conjugamos con el humanismo que al lojano nos caracteriza. Y si esta vez el grito de fundación se convierte en una sola voz de la sociedad civil y sea ella quien defina las prioridades sociales de las arcas locales, sería de pronto una justa democracia o quizá las nuevas tropas. Y si nos volvemos Mercadillo para esta Fundación de Loja y nos quitamos los colores, el partidismo, los rencores, simplemente tendríamos miles de Capitanes con muchos sueños para Loja y no sólo un «plan».
Andrés Ontaneda Vivanco
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