Cuantas veces no hemos tenido rabia, coraje u otros síntomas que nos alteran sólo porque las personas no actúan como uno quisiera. Algunos conflictos se han originado debido a la falta de sincronización entre unos y otros, sincronización que si nos ponemos a analizar nunca se dará, es ridículo imaginar que alguien más pueda entender a la perfección nuestro pensamiento. Talvez se podría intuir algo, pero llegar a captar, tal cual, lo que la otra persona piensa es imposible. Cada ser es un mundo, configurado de una manera única, son innumerables los factores que condicionan su forma de entender y reaccionar, de lo genes hasta el medio ambiente. Ni por convivencia, familiaridad, edad, profesión o sexos, podemos esperar una alta afinidad en el pensamiento, siempre van a existir diferencias.
Para evitar conflictos e incomprensiones debemos tratar de asimilar que nunca las otras personas van a asimilar nuestros pensamientos a la perfección, entonces lo que queda es aprender a comunicar de buena manera las cosas, con paciencia y tiempo, de tal forma que el receptor, desde su mundo, comprenda lo que el emisor le desea transmitir. Evitaríamos algunos inconvenientes si nos detuviéramos a entender que cada ser humano es único e irrepetible, y que por eso debemos ser lo más comunicativos, en cualquier escenario. En nuestras manos tenemos una de las mejores herramientas para una buena convivencia, se llama lenguaje.
Hernán Yaguana Romero
hayaguana@utpl.edu.ec