Pandemonio electoral

Terminado el proceso electoral, en el análisis general, un caos eleccionario; es decir, el pueblo sometido a manejar siete u ocho papeletas para escoger una veintena de nombres y dar respuestas a interrogantes de rango constitucional; en síntesis, un pandemonio electoral.

El eje transversal de todo proceso electoral debería ser el fortalecimiento de la democracia y, a través de esta, el mejoramiento de la calidad de vida de los pobladores, implementando políticas públicas que nacen de las propuestas claras y sesudas de los candidatos. No obstante, el sistema electoral que tenemos no ofrece las intenciones descritas, más bien, pone en evidencia algunas debilidades como la crisis de los partidos políticos, la falta de liderazgos y un oprobioso proceso de elecciones primarias.

Lo anotado guarda estrecha relación con el pensamiento de Ambrose Gwinet Birece, que decía: […] “El elector goza del sagrado privilegio de votar por un candidato que eligieron otros.” […] y esta es nuestra realidad, el caudillismo, el cacicazgo, las empresas electoreras deciden qué papeleta electoral nos presentan y nos conminan a que votemos por sus intereses; luego, ante el fracaso de la gestión o el latrocinio de nuestros recursos, la frase salvadora: “el pueblo otra vez se equivocó”; con ello, la falsa democracia queda sellada en la culpa del pueblo que no sabe elegir, limpiando así la inescrupulosa práctica de los partidos políticos, principales culpables de este pandemonio electoral; para que esto cambie definitivamente, les deseamos: …buen viento …y buena mar.

Lenin Paladines Salvador                       

leninbpaladines@hotmail.com

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