
Varios calificativos de médicos, científicos, investigadores y periodistas del mundo ha recibido Vilcabamba en su época de oro 1969-1980: Valle sagrado, Cantera de longevos, Un laboratorio natural, El paraíso perdido, Tierra de la vida, Donde la muerte se detiene, Un asombroso lugar para “curar el corazón”, Vilcabamba realmente otro mundo, Donde es posible dar más años a la vida y más vida a los años, entre otros, producto de una seria investigación científica.
Cuántos sueños y esperanzas despertó este pequeño valle lojano por su fama mundial. Lamentablemente no se lo aprovechó, no se lo cuidó conforme lo comprobó el científico inglés David Davies en su última visita en 1980. ¿Qué paso? La respuesta la tienen las autoridades lojanas de aquella época y quienes contribuyeron a deteriorar el escenario médico-científico y echar al olvido el secreto de Vilcabamba.
Y cuando ha transcurrido 40 años de aquella famosa época, tiempo en el cual han desaparecido los pilares de la longevidad y algunos elementos naturales como el agua pura, la dieta tradicional, la tranquilidad que junto al clima fueron la base para ser considerado Isla de Inmunidad para las Enfermedades del Corazón y Centro Mundial de Longevidad, llega de repente un nuevo calificativo de parte del Ministerio de Turismo “Rincón mágico”, tal vez para animarnos y ocuparnos por el destino que le sigue deparando a Vilcabamba.
Estuvimos en el lugar y preguntamos a varios de sus habitantes sobre el calificativo de “Rincón mágico”. Todos coincidieron en agradecer al Ministerio de Turismo por la distinción, pero hay reparos por la falta de atención gubernamental para el desarrollo turístico de la zona. Faltó concretar el compromiso para que aquel escenario geográfico de naturaleza ejemplar esté al alcance del turista. Si no hay el apoyo necesario y deseado, aquello de “Rincón mágico” quedará en una declaratoria romántica, en otro adjetivo calificativo más… y nada más.
Adolfo Coronel Illescas