El problema no es la política

El problema no es la política. Ella allí permanece como práctica, como ciencia, como arte, como disciplina, como paradigma. El gran problema es su banalización, el haberla convertido en un reducto de intereses oscuros y en una parcela de luchas personales. En una vitrina para las rencillas y las bajas pasiones humanas. En un circo, en una mofa. En una palestra para los ofrecimientos imposibles, las soluciones mágicas, las mentiras anchas.

Y entonces se nos presenta manoseada, manchada, desnaturalizada. ¿La política para acusaciones ruines, insultos magros, burlas grotescas, fijaciones personales? Tristemente. ¿La política para la diatriba, la violencia y la animadversión? Desgraciadamente. ¿La política para el engaño al pueblo, para la falsedad ideológica y pragmática? Lamentablemente. ¿La política para el alquiler de partidos, para la hipoteca de conciencias, para el enriquecimiento obsceno de contratistas? Impunemente. ¿La política para la dádiva, el clientelismo, la compra de votos? Ruinmente. ¿La política para el show, para el mejor comediante, para el más simplón? Desdichadamente.

El problema, entonces, bien puede ser la normalización de este nauseabundo manoseo de la política. O un sistema educativo que no nos enseñó ni siquiera a discernir el bien del mal, que todo nos lo dio con embudo y como receta invariable. O la idiotización de las masas a través de redes sociales y medios de comunicación poco éticos. O la ignorancia que acecha y alimenta. O la actitud inerte, en consecuencia, de un electorado que se resiste a pensar/inferir con autonomía, y que prefiere el bullicio electorero a la propuesta seria, a la propuesta estructural.

Muchos pueden ser los problemas, pero la política no lo es. Es lo que los políticos infames hicieron de ella, con ella, por ella, contra ella, y lo que el ciudadano asumió como natural, como aceptable, como opción inclusive para moldear su destino y el de su generación. Así de peligroso.

Lamento si una vez más tengo que asumirme como un pesimista lúcido, pero ya empieza la cotorra politiquera, y me resisto a aceptarla con silencio cómplice…

José Luis Íñiguez Granda

joseluisigloja@hotmail.com

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