El Ecuador a lo largo de la historia ha atravesado escenarios de crisis política, las cuales se han ocasionado por responsabilidad de sus propios gobiernos, pues en la gran mayoría, siempre las ofertas de campaña son unas, y al momento de poner en práctica se olvidan de dichos ofrecimientos. En la actualidad el Gobierno Nacional entre altos y bajos; contradicciones y cambios de criterio, posicionamiento de realidades distintas e improvisaciones, se acerca a cumplir sus seis meses de gestión; tiempo suficiente para haber establecido acciones determinadas que permitan prever un camino de planificación y gobernanza frente a las grandes necesidades nacionales.
Las ofertas de campaña han quedado atrás, por ejemplo: a) La eliminación de la SENESCYT, una propuesta que nació muerta pues necesitaba de una reforma legal, no solo de la voluntad del presidente de la República; b) El acceso libre a las universidades, lo que no ha ocurrido, más bien se ha recortado el presupuesto a la Educación Superior; c) La tan anunciada y esperada reforma tributaria y laboral que estaba lista en discursos políticos para ser presentada al Poder Legislativo el primer día de gobierno, lo que no ocurrió y luego de algunos meses fue presentada con errores de forma y fondo que demando un rechazo por parte de la Asamblea Nacional; y d) Los graves tropiezos políticos que le han llevado al Ejecutivo a crearse fantasmas que no existen, vientos de consultas populares inviables y una muerte cruzada que es un amenaza mutua entre poderes. Ahora expectantes al nuevo año, se espera el prometido aumento del salario básico unificado, que esperemos no traiga consigo un nuevo desencanto.
Finalmente, la decepción del pueblo ecuatoriano con relación a su clase política sigue siendo el acontecer de cada elección, nuestros políticos han tomado como su principal acción, el prometer en campaña electoral lo que se puede y no se puede.
Daniel González Pérez
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