En alguna ocasión, mientras observaba atento la percha de libros de un supermercado de la ciudad, en el intento de localizar alguno que fuera de mi interés, se acercó un niño y ávidamente ojeó, primero, y revisó después, algunas opciones que estaban disponibles. Pude presumir de su gran interés, hasta que lo comprobé cuando el niño escogió uno y decidió sentarse en el piso, sin más, a leerlo. Al rato su madre pasó por ahí y le dio la orden de levantarse porque debían avanzar hacia la caja; entonces el infante le pidió que le comprase aquel libro, ante lo cual recibió como respuesta: “¡No, libros no!”.
Sentí que la expresión se dio en un tono peyorativo y, salvo alguna situación de escasez económica, no encuentro razón justificable para semejante acto. Para mí es una aberración que a un niño se le niegue la posibilidad de acceder al fascinante mundo de los libros y, con ello, de la lectura. Sencillamente porque la lectura es un acto vital que debería ser promovido incesantemente por los padres, más aún en edades tempranas. Y cuando no se lo cultiva, entonces ese niño, cuando sea un adulto y quizá un padre, es probable que prescinda de la lectura tal como como lo hizo su progenitora: como si se tratara de algo inicuo, de una cosa de baja monta, sin importancia. Y eso tiene repercusión directa en la sociedad y lo que de ella se espera.
Los libros son capaces de transformar nuestra vida y, con ello, la percepción que tenemos de sí misma y del entorno que nos rodea. La lectura no solo nos forma como seres críticos y pensantes, sino que eleva en nosotros la sensibilidad para percibir el universo y los problemas que le atañen. La lectura nos prepara para encontrar respuestas a las grandes preguntas del mundo. En definitiva, como sostendría Iván Illich, “la lectura es una técnica ontológicamente reparadora que elimina la oscuridad de los ojos del hombre caído y le devuelve la capacidad de percibir la luz que brilla de todas las cosas”. Ojalá que ese tipo de respuestas, a nuestros niños, se diluyan en gran medida.
José Luis Íñiguez Granda
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