No al acoso escolar

A través de las redes sociales: sicólogos educativos, docentes y padres de familia, tras el retorno obligatorio a clases, luego de casi dos años de virtualidad, han encendido las alarmas sobre un problema, que no es post pandemia, pero que se ha presentado con mayor agresividad: el bullying.

Etimológicamente, bullying viene del inglés de bull que significa toro y que explica la actitud prepotente de alguien de pasar por sobre otro u otros sin contemplaciones. Las traducciones más comunes al español dicen que bullying es matonaje, hostigamiento, acoso. Comúnmente lo interpretamos como acoso escolar que puede ser físico, verbal, psicológico, causando profundas heridas en la o las víctimas en su integridad somática, afectiva, emocional y psicológica.

Desde distintas voces y direcciones se pide que, en el hogar, lugar en donde se forjan los valores y también antivalores, se hable con los hijos sobre la diversidad física, intelectual, económica, social, cultural, religiosa, sexual de las personas, en este caso de sus compañeros y compañeras de aula y que todos merecen igual trato y respeto. Que las personas no son como nosotros quisiéramos que fueran, sino como su naturaleza e identidad les han hecho.

Como educador, siempre he dicho a mis estudiantes que las personas debemos ser tan inteligentes y perceptibles frente a los demás, para que, si algo que hacemos o decimos, a manera de broma, causa molestia, ofensa o sufrimiento a un compañero o compañera, no volverlo a hacer, porque en caso de ser reiterativos nuestra broma se convierte en acoso…en bullying.

Diera la impresión que, en los dos años que los estudiantes han pasado en el encierro académico obligado, sus emociones han estado reprimidas de manera que, al volver al aula y empezar a correlacionarse con sus compañeros, han despertado con comportamientos inapropiados denotados a través de las simpatías y antipatías hacia pares. Recordemos que el bullying en el aula genera mucho daño en las víctimas:  tristeza, aislamiento, irascibilidad, deserción escolar y hasta el suicidio.

Y, cuidado, a veces, el bullying viene desde el hogar y, las víctimas, se desquitan con sus compañeros, y, luego, los padres echan la culpa a los centros educativos.

Darío Granda Astudillo

dargranda@gmail.com