Caminando por diferentes calles de Loja he visto unos grafitis en las paredes de lugares públicos que claramente expresan odio hacia personas de nuestro país vecino. Estas cosas son una muestra más de un nacionalismo exacerbado que hay en nuestra sociedad: yo más tú menos; yo sí, tú no; mi bandera sí la tuya quémala; esta es mi patria, vete a la tuya; sólo me pongo el poncho pintado del color de la bandera de mi ciudad; solo me pongo la camiseta de mi país, ciudad o empresa; en definitiva “aquí solo mis chicharrones truenan”. Estos hechos y dichos son un aliciente para el inicio de las guerras, para el aumento de la violencia y la agresividad en nuestras familias, barrios, ciudades y países. Hay que resucitar a Anaxágoras, que “acusado de no cuidar de su familia ni de su patria, señala con la mano hacia el cielo y dice: allí está mi patria.” Debemos abolir los muros de la separación y convertir a nuestras casas, barrios, ciudades y países en moradas, esto es en lugares de acogida. Ante ese patriotismo espurio y guerrillero nosotros abogamos por una convivencia universal acogedora, para lo cual defendemos lo que está escrito en la Carta a Diogneto: “Habitan en su propia patria, pero como forasteros; toman parte en todo como ciudadanos, pero lo soportan todo como extranjeros; toda tierra extraña es patria para ellos, pero están en toda patria como en tierra extraña.” Esto puede sonar para algunos como utópico, sin embargo, el dinero ya lo logró, no tiene patria, está en todas partes. Nuestro objetivo no es defender la verdad como cosa propia, sino más bien practicar la verdad porque ella nos mueve (no es lo mismo tener la verdad que practicarla). Por eso en este momento dejo la poltrona y salgo, contra viento y marea, a comprar un galón de pintura para borrar esos grafitis xenófobos. Se hará lo que se pueda le dijo la lámpara de aceite al sol.
Jorge Benítez Hurtado
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