El fútbol, luego de la clasificación de Ecuador al Mundial y del sorteo y conformación de los grupos, nos ha tenido bastante distraídos de la tormentosa realidad que vive nuestro país, por los severos conflictos internos de una Asamblea que, literalmente, no hace nada por el país, y su apasionada e irreconciliable relación con el Ejecutivo, a quien ha atado de pies y manos, hasta, literalmente, inmovilizarlo en sus aspiraciones de poner en marcha sus planes de gobierno.
Bancadas de varios partidos políticos, están afanosos por conformar una comisión mutipartidista para evaluar al Consejo de Administración Legislativa (CAL) y a la presidenta de la Asamblea Guadalupe Llori. Es evidente que, movidos por UNES, apuntan a la destitución de la titular para, luego, a su gusto, nombrar un nuevo presidente (a) que sea dúctil a sus intereses políticos que aliente el cambio de autoridades en el CNE y CPCCS que permita la designación de titulares en entidades estratégicas, relacionadas con Fiscalía, Procuraduría y Contraloría, con el afán de favorecer….ya sabemos a quién.
Es curioso, pero no sorprendente que, la Asamblea, haya forjado una oposición irracional hacia el ejecutivo de manera que, todo lo que el Presidente Lasso propone para que sea aprobado en la Asamblea, antes de que el texto llegue a ese organismo, ya ha sido negado. No digo que la ley de atracción de inversiones que faltó socializarla por parte del Ejecutivo, sea una maravilla; sin embargo, los asambleístas, que tuvieron un mes para su análisis, hacer observaciones, rescatar lo positivo y censurar lo negativo, ni siquiera leyeron el texto y la descalificaron con un NO rotundo, según algunos “porque quieren salvar al país”, de quién o de quiénes… quizá de su propia inoperancia. Pero para aprobar 268 amnistías sobre varios delitos y hechos bochornosos, no les importó trabajar “hasta el canto del último gallo”.
Quizá, el nuevo ministro de Gobierno Francisco Jiménez, identificado con la Asamblea, tenga la sensibilidad, acierto y palabras conciliatorias que generen un diálogo fecundo con los dirimentes, de manera que el Gobierno marche por caminos de esperanza.
Darío Granda Astudillo
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