Momento de elegir

La vida humana se estructura a través de elecciones diarias. Todos los días nos enfrentamos a disyuntivas diversas y las alternativas que escogemos nunca son banales, siempre tienen efectos decisivos en nuestras vidas, aun las más inocentes. Cuando en nuestro camino debemos decidir sobre asuntos éticos la gravedad de la elección deja el campo meramente individual e involucra al prójimo. Nuestra responsabilidad se acrecienta y, por unos minutos o unas horas, somos los samaritanos o los verdugos de los otros. Pero, en los alegres y despreocupados pasos que damos cada día en la búsqueda perenne de nuestro bienestar y nuestra comodidad, pocas veces reparamos en que esa responsabilidad indelegable es lo que nos constituye como seres humanos. Esta última observación la realizó hace bastantes años Sartre

La semana anterior el secretario general de las Naciones Unidas, con motivo de los ochenta años de creación de la Corte Penal Internacional, recordaba que los momentos de crisis son momentos en los que elegimos, siendo tal acción la medida de quienes somos verdaderamente. Cuando se creó la Corte Penal Internacional el mundo se encontraba en ruinas, sobre esos escombros de levantó un faro de esperanza, de confianza en las posibilidades del Derecho y la justicia. Fue una apuesta moral en contra de la violencia y la arbitrariedad de los tiranos que ocasionaron los destrozos de la Segunda Guerra Mundial y los genocidios horrendos con cámaras de gas o con bombas atómicas. Hemos olvidado ya ese mundo oscuro, las redes sociales y la ignorancia de los «influencers» tratan de borrar esa memoria o de tornarla en un sueño que se desvanece al despertar. Los gobiernos de la ultraderecha global alientan estas posiciones. Tratan de excluir el consenso de las Naciones Unidas de las grandes decisiones que afectan a toda la humanidad. Vuelven, una y otra vez, a elegir los senderos del horror y de la muerte, desprecian las normas jurídicas y todo su valor civilizatorio. Y nosotros, ciudadanos despreocupados, escogemos cerrar nuestros ojos, nos encogemos de hombros y continuamos nuestro eterno babear sobre las redes sociales.

Carlos García Torres

cegarcia65@gmail.com

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