Con el pasar del tiempo, por varios motivos, ciertos conceptos claves de los seres humanos han ido modificándose, uno de ellos es el del “buen vivir”. Era de suponer que nuestra inteligencia, por la facilidad de disponer de mayor cantidad de información, iba a aumentar, y, por tanto, mayor sería el entendimiento y la reflexión para ser mejores en todo sentido, las cosas no han ocurrido así, se han extraviado por otras interpretaciones. Hoy el concepto de buen vivir ha tomado una definición distorsionada, se lo asocia a abundancia, antes que a vida. Aparentemente está mejor quien posee ciertos recursos, quien puede adquirir, quien tiene, etc. La idea de vivir satisfactoriamente es trabajar al máximo para reservar unos cuantos recursos, pues mañana “nos dará toda la tranquilidad y el goce completo”. En esa carrera estamos muchos, trabajando y angustiándonos por acumular. Lamentablemente quién garantiza que usted o yo mañana estemos aquí para disfrutar esa acumulación. Hay que entender que el buen vivir se lo debe hacer a cada momento, dejando pausas de atención a la vida. De nuestro raciocinio debe surgir la tranquilidad, convertirse en la línea transversal de lo que hagamos, eso no significa dejar de actuar, por el contrario, involucra hacer las cosas buscando siempre la felicidad, la dicha y la armonía dentro de este trayecto de vida en el cual ahora estamos presentes, y mañana talvez no.
Hernán Yaguana Romero
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