Miradas desde los balcones

La visión que hoy se tiene de la política, es una visión citadina, muy ornamental, que se decide por pensar los tiempos que nos acontecen, desde los privilegios de los que no deben preocuparse porque tienen asegurada la renta, la comida y la comodidad, y desde esa perspectiva quieren rostros limpios, imágenes pulidas, lenguajes circunspectos. No piensan en la gente, ni en los barrios, ni en las comunidades, piensan en quién va a ejercer una relación de poder. Esa es su preferencia: mirar desde arriba y no desde abajo.

Quienes hacen opinión pública en nuestra ciudad, sobre todo en estos tiempos, propugnan una perspectiva de la política que aspire a ser decente, técnica, racional, y, por tanto, promueven un ‘tipo ideal’ de candidato, que evidentemente está imaginado desde la horma de sus propias medidas.

Por ello, es que hoy hay un creciente desprecio de lo popular, y de todo lo que a la ciudad le huele mal, le parece peligroso, o, ignorante, inculto. En ese contexto, no es novedoso que en el medio solo se conciba como adjetivo negativo al ‘populismo’, y que desprecien también al poder que se gesta desde las calles. Owen Jones llamaría a esa voluntad alimentada por el neoliberalismo, ‘demonización de la clase obrera’.

La homogeneización cultural, a la cual, no puede escapar el falso elitismo de los académicos y de las clases medias, alimenta un deseo de pulcritud de la política y de los políticos. Todo ello desvirtúa la verdadera construcción del poder, desvirtúa la verdadera concepción de la democracia, y desvirtúa, como no, a la política.

Pablo Vivanco Ordoñez

pablojvivanco@gmail.com

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