Mensajes subliminales

En el inicio del actual periodo legislativo, una asambleísta por Pachakutik, “de cuyo nombre no quiero acordarme”, en una concentración en la Amazonía, con la gente que la eligió, con enorme sinceridad e inocente ingenuidad, dio un desafortunado mensaje sublimidad que alentaba a la corrupción: “Si roban, roben bien, justifiquen bien, pero no se dejen ver las cosas, compañeros”. Un asambleísta de bancada salió a dar la cara, manifestando que eso no quiso decir su compañera, que en su idioma ancestral quería decir otra cosa y que se había descontextualizado su mensaje. La mencionada señora, habló en un castellano muy legible y el mensaje no admitía duda alguna de su alcance. Ella fue moderadamente sancionada por su partido y por el consejo de disciplina de la Asamblea.
A la vuelta de casi dos años, el alcalde electo de Pindal, “de cuyo nombre tampoco quiero acordarme”, del movimiento Pachakutik, al brindar declaraciones a un medio de comunicación digital, sin pudor alguno hizo hincapié en que la Ley de Contratación Pública, permite que los alcaldes lleven a sus bolsillos hasta un 30% del valor de una obra contratada. ¡Qué maravilla! O sea que, en una obra de un millón de dólares, el alcalde “gana” 300 mil dolarines. Así quién no va a querer ser alcalde.
Luego, entiendo que, arrepentido por el impacto causado por sus malhadadas declaraciones, en un medio de comunicación local se retracta y pide disculpas a la ciudadanía pindaleña. Lo malo es que le echa la culpa al lenguaje, “que fue un error malintencionado del lenguaje, en donde involuntariamente cometo un error “(¿?), dice. Ahora le echan la culpa al castellano, idioma tan hermoso, límpido y transparente con el que se pueden decir maravillas o también torpezas. Recordemos que los funcionarios de elección popular, deben trabajar por el bienestar de su pueblo y no por sus afanes personales.
Su partido, seguramente, de acuerdo con su reglamento interno, establecerá algún tipo de sanción. Sin embargo, la recomendación para todos: antes de emitir cualquier comentario o juicio de valor sobre algo o alguien, primero pensemos en las consecuencias. Recordemos que “la palabra suelta no tiene vuelta”.

Darío Granda Astudillo
dargranda@gmail.com

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *