¡Me rompo la cabeza!

Soy un aficionado y coleccionista de rompecabezas. Lo heredé y aprendí de mi padre. Los tengo de todo color y sabor: de cartón, de metal, de madera, de cuero con cordeles; de una, de dos y de tres dimensiones; etc. Solo que ahora, por bendición de mis nietos, no me queda sino el diez por ciento de todos… Pero muy contento con mis nietos…

Creo que el mejor rompecabezas que tengo es uno que consta de dos piezas iguales y con las que hay que construir una pirámide, ¡es tan difícil y tan fácil a la vez!

Los rompecabezas no son solo un pasatiempo ameno y divertido que nos brindan un descanso de otras actividades, sino que también facilitan el desarrollo de actitudes cerebrales, emocionales y conductuales, así como el desarrollo de destrezas, habilidades y operaciones mentales, por lo que desde la segunda mitad del siglo pasado han llegado a ser parte de los ejes transversales de la educación formal.

Quiero aprovechar esta columna para que, como educador que he sido, y preocupado por el desarrollo de la inteligencia de mis alumnos, pueda compartir con ustedes algunos beneficios que se obtienen del uso de estos objetos raros.

En primer lugar, indico algunas operaciones mentales que se pueden aprender y desarrollar: establecer, contrastar y verificar hipótesis; intuir; analizar; sintetizar; hacer analogías; inducir; deducir; planificar; establecer tácticas y estrategias; clasificar; categorizar; ordenar; asociar; crear; etc.

Y, en segundo lugar, diremos algo sobre actitudes, destrezas y habilidades: disposición para responder a los retos, especialmente contra uno mismo; mejorar el ánimo; mejorar la memoria; aumentar la concentración y la atención; desarrollar la inteligencia espacial; etc.

Y ahora los dejo porque me voy a seguir resolviendo mis rompecabezas que están incompletos.

Carlos Enrique Correa Jaramillo

cecorrea4@gmail.com

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