Ser mamá de un niño autista es caminar por senderos invisibles para el resto del mundo, es sostener en brazos el caos, la ternura, el misterio, todo al mismo tiempo. Es despertarse cada mañana sin saber si tu hijo podrá adaptarse a lo que el mundo espera de él, o si el mundo sabrá adaptarse a lo que tu hijo necesita.
Es enfrentarse a una sociedad que aún no entiende, que etiqueta. Es sentir que el mundo tambalea cuando vas a parques, donde otros niños se alejan o encuentras miradas que juzgan. Es acudir a reuniones escolares con el corazón temblando, explicando por enésima vez que tu hijo no es malcriado, ni rebelde, ni desinteresado…que simplemente siente, percibe y reacciona distinto.
Es pasar noches en vela con el sonido de estereotipias o llantos que no sabes cómo consolar, es lidiar con berrinches que no son berrinches, con silencios que duelen y con palabras que aún no llegan. Es amar sin condiciones a un ser que muchas veces no puede decir te amo, pero que lo dice con la mirada, con un gesto, con una rutina que se repite.
Eres una mamá azul, con el corazón lleno de preguntas, pero también de respuestas, que solo el amor profundo puede dar. Una mujer a veces cansada, pero también poderosa, invisible para muchos, imprescindible para uno, y aunque a veces sientas que no puedes más, aquí estás…luchando por el derecho de tu hijo a ser comprendido, valorado y feliz.
Como sociedad estamos llamados a ser conscientes que un pequeño gesto de empatía puede cambiar una vida para siempre.
Patricia Carrión Pilco
patbethc@hotmail.com