Cuando aparentemente se percibía un estado de seguridad y tregua social, marzo terminó siendo el mes más violento en lo que va del gobierno, recordándonos que los problemas del Ecuador son estructurales y no se solucionan con estados de excepción; al contrario, nos ratificamos como el segundo país más violento del continente.
El magnicidio de un alcalde o el asesinato de otro concejal conmocionan la opinión pública, y mientras los homicidios y masacres vuelven a ser noticia, los fervorosos analistas de redes, las brechas sociales atizan;
Promoviendo odio y estigma desde la valoración política, pero con un trasfondo profundamente perturbador ético y moralista; pues para algunos la muerte tiene justificación siempre y cuando los muertos sean del partido opositor.
Y la respuesta del ejecutivo no ayuda mucho, y es que las condolencias oficiales solo llegan a un sector, mientras sean policías o militares habrá luto y distinciones, pero para los demás deben entender que el plan fénix tiene repercusiones.
Subjetivamente se incita a la división, con calificativos y denostaciones un presidente otra vez divide a la población. Y aunque la memoria puede ser frágil, hay que recordar que en su momento cada gobernante calificó a su oposición para luego enfrentarla con medios de coerción.
Hoy nos dividen entre “gente de bien” y “atrasa pueblos”; y bajo el relato de que la guerra es buena y en nombre de ella todo se vale nos sigue costando vidas, impuestos y más gravámenes, y quien se oponga será un antipatria.
Indudablemente cada medida y desmedida del gobierno es por la conveniencia y seguridad que te da la popularidad, pero como bien lo dijo el mismo “el anti tiene techo y el pro es infinito”, solo habrá que identificar cuando dejas de ser pro y te convertiste en un anti.
Jorge Ochoa Astudillo
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