Cuando se es niño de escuela o adolescente de colegio, que te convoquen para integrar el equipo del grado o de la escuela o colegio, significa un momento de gratísima emoción y orgullo y procuras hacer las cosas de la mejor manera. Más tarde, cuando se integra una selección provincial, la emoción crece de nivel; qué decir cuando, por méritos, se llega a la selección nacional. No hablo solo de fútbol, sino de cualquier disciplina deportiva, o de las variadas actividades artísticas, científicas o culturales.
Ser seleccionado de fútbol, el deporte de mayor connotación mundial, debe significar, para los ungidos, un privilegio que casi les hace tocar el cielo y vestir el uniforme, la misma gloria hecha realidad. Y, obviamente, someterse a las actividades deportivas como entrenamientos y partidos ya preparativos, ya oficiales, cumpliendo de la mejor manera, no con el ánimo de lograr protagonismos personales, sino el éxito del equipo, que significa el éxito del país. Aparte de lo deportivo, viene la disciplinaria que es la base y sustento de toda actividad deportiva. Un buen deportista lo es dentro y fuera de la cancha.
Por eso nos preocupa, aunque no nos llama la atención, porque son recurrentes los actos indisciplinarios de algunos jugadores, en New Yersey, a raíz de los dos cotejos que Ecuador jugó ante Guatemala e Italia por la fecha FIFA. Robert Arboleda y Gonzalo Plata ya tienen un historial nada envidiable de fiesteros cuando deben guardar compostura deportiva, pero sí llama la atención que hayan arrastrado a esos centros de diversión, a un adolescente de 16 años, como Kendry Paéz, que recién empieza a transitar por el mundo del fútbol grande y que le espera un futuro de enormes proyecciones. Sin dudas, los grandes sueldos que perciben, más la falta de formación en valores y el poco compromiso con el país, hace que algunos jugadores se dejen arrastrar por la bohemia que va minando los cimientos de su calidad futbolística y personalidad y terminan en casas de rehabilitación, destruyendo su vida.
Los directivos de la FEF tienen la palabra: a grandes males, grandes remedios. Los correctivos a tiempo… si no se encauzan por los caminos correctos ya no los convoquen y punto.
Darío Granda Astudillo
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