Los usuarios no tienen la culpa

Los servicios públicos deben estar a la altura de los recibidos dentro de lo privado, y más aún cuando hablamos de salud. Se ha vuelto prácticamente ¨normal¨ que los usuarios internos y externos estén cansados y se enfaden del limitado servicio que reciben dentro de una casa de salud. Lastimosamente, la salud ha sido prostituida por el mal uso que algunos le han dado. Sin embargo, su esencia es buena; ella simboliza el arte de hacer posible lo necesario. Es por eso que sigo pensando que la salud puede y debe servir para construir un mundo mejor. Un mundo donde la salud recupere su humanismo, justo todo lo contrario al sistema implantado. Un sistema de salud con visión de futuro: generoso, cercana, humilde, comprensivo, sostenible, humano, incluyente y responsable con el medio ambiente. Un sistema de salud que contemple la solidaridad como un valor imprescindible, lo que implica desde luego pensar en el otro, y que tenga como fundamento el SENTIDO COMÚN, así con mayúsculas. Ese sentido común que está resultando ser el menos común de los sentidos, como nos lo demuestra nuestro sistema cada día y que tenemos como obligación rescatarlo y ponerlo en valor, para que el sistema de salud que algún día dejaremos a nuestros hijos, gire en torno al ser humano. Para eso, hay que ser conscientes que los servicios públicos no dependen solamente de un presupuesto, dependen también de la “voluntad” de quienes son parte de las instituciones públicas. Depende de sus líderes al escoger un buen equipo de trabajo o sacar lo mejor del equipo con el que cuentan. Así como también, funcionarios comprometidos. Y es que los servicios públicos no pueden caminar al ritmo de los servidores públicos, sino al de las necesidades de sus usuarios. No solo por mantener altos estándares de calidad en la función pública, sino que también, por cuidar los dineros del estado. Porque ser servidor público no es un trabajo más. Es un trabajo que se hace con honor, con valor y con amor. La diferencia entre un buen o mal servicio está únicamente en quién lo ofrece; en aquel que desarrolló o no el hábito del buen servicio y entendió que es un arte que construye un mejor país.

Andrés Sigcho

andres_575@hotmail.com

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