Una figura de justificado prestigio en muchas facetas de la vida pública y particularmente en el campo de la cultura, desaparece con el fallecimiento del doctor Félix Paladines.
A través de las redes sociales, cientos de personas han manifestado de alguna manera su congoja por tan infausto suceso.
Es opinión común de escritores, académicos, juristas y autoridades, transmitida ya al pueblo lojano y ecuatoriano, que la actividad en el ámbito cultural, educativo, ético y moral de tan prestigioso escritor ha sido incansable, intachable, provechosa, renovadora y ejemplar.
Bertolt Brecht sostiene que “hay hombres que luchan un día y son buenos. Hay hombres que luchan un año y son mejores. Hay quienes luchan muchos años, y son muy buenos. Pero hay los que luchan toda la vida, esos son los imprescindibles”. En esta frase se resume la vida de Félix Paladines: Un hombre de bien y tenaz amante y exponente de la cultura, tanto en la forma, como en la corrección de sus procederes.
Como sucede en la vida de los grandes hombres, la existencia de Félix fue callada, excepcional y con una formidable conciencia social, único valor supremo de la justicia, rectitud, paz y amor; fue un maestro en la cátedra, desde la cual enseño a pensar, sentir y actuar; fue un modelo de la más elevada conducta ética y deontológica; y, fue un caballero perfecto, de tacto exquisito, sabio y prudente, con una bondad infinita, enriquecida con la magua de sus palabras, su carisma, su honorabilidad y su gentileza, de tal suerte que llego a ser el símbolo viviente del auténtico lojano que sabe abreviar distancias, aproximar espíritus y unir corazones.
Su sombra, como la de una montaña, seguirá creciendo al ponerse el sol de su vida. La muerte no puede devolvernos lo que nos ha quitado, pero nosotros al evocarlo podemos revivir su espíritu y el ejemplo impar que dio con su admirable existencia, que pudo además realizar el ideal de Pierre: “Vivir de acuerdo con lo que se enseña y esa enseñanza ser precisamente una lección de vida”.
Ahora, todos sus familiares y amigos, solo deseamos hacernos dignos de su memoria ejemplar. Y que los ideales que él sembró y defendió, sigan percibiéndose en dónde él tanto codició: en el corazón y en el trabajo de sus hijos, a quienes les renuevo mi pesar, esperando obtengan consuelo en el hecho que las cualidades de Félix vivirán por siempre y para siempre.
Jaime A. Guzmán R.
jaimeantonio07@hotmail.es