La «tercera vía» clásica es una posición política centrista, popularizada en los años 90 por Anthony Giddens, que buscó renovar la socialdemocracia combinando libre mercado con justicia social, rechazando tanto el neoliberalismo puro como la vieja izquierda estatista.
¿Es esa la tercera vía que necesita el Ecuador? No necesariamente. Frente a la profunda decepción que ha generado el Gobierno de Daniel Noboa, cuya agrupación política ha repetido las prácticas más repugnantes del correísmo, han surgido voces críticas clamando por una “tercera vía”. Pero esta debe ser auténticamente ecuatoriana, sustentada en principios innegociables:
Respeto al Estado de Derecho, entendido como el principio por el cual ciudadanos y gobernantes están sometidos a leyes claras, públicas e iguales, aplicadas imparcialmente por tribunales independientes, con separación de poderes, respeto a los derechos humanos y mecanismos para evitar abusos arbitrarios, siendo la base de las democracias constitucionales.
Defensa de la democracia como sistema político; donde el poder emana del pueblo, ejercido mediante elecciones libres, periódicas y transparentes, con respeto absoluto al Estado de Derecho, separación de poderes, derechos humanos, libertades fundamentales, pluralismo y rendición de cuentas.
Economía de libre mercado: que impulse la libertad individual, la innovación y la eficiencia a través de la competencia voluntaria; genere prosperidad, reduzca la pobreza, limite el poder estatal arbitrario y fomente sociedades creativas y libres.
Talvez lo más importante, que la política no esté separada de la ética. Sin ética, la política se convierte en pura lucha por el dominio, justificando cualquier medio y abriendo la puerta a abusos y corrupción. La ética impone límites, obliga a buscar el bien común y legitima el ejercicio del poder como servicio, no como dominación arbitraria. Esta es la tercera vía que Ecuador merece.
Gustavo Ortiz Hidalgo
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