La tarjeta y el bolsillo

El uso de tarjetas de crédito dejó de ser una comodidad para convertirse en termómetro de la economía familiar  y, en algunos casos, de la apariencia. Según la Superintendencia de Bancos, en febrero de 2026 el 91,6% del dinero transado con tarjetas en Ecuador correspondió a crédito: más de USD 539 millones, mientras que el débito apenas llegó al 7,9%. Es decir, nueve de cada diez dólares pagados con tarjeta no salen del ingreso disponible, sino del bolsillo del futuro. 

El dato preocupa porque el crédito está financiando gastos cotidianos: supermercados, salud, restaurantes, vestimenta, educación, entre otros. Solo en supermercados se superaron los USD 229 millones, y en restaurantes se registraron cerca de USD 120,8 millones. Esto revela que muchas familias no se endeudan para adquirir lujos, sino para sostener su consumo básico en medio de ingresos insuficientes y un costo de vida cada vez más alto.

El crédito no es malo. Bien usado, permite invertir, emprender, construir historial financiero y enfrentar emergencias. El problema aparece cuando se vuelve sustituto permanente del salario. Allí la tarjeta deja de ser una herramienta y se convierte en una trampa: intereses, pagos mínimos y una falsa sensación de capacidad de compra.

Cuando el consumo presente se paga con el ingreso que aún no llega, el bienestar se vuelve frágil. La tarjeta puede abrir puertas, pero, usada sin planificación, también puede hipotecar la tranquilidad de mañana. Utilízala con inteligencia.

Santiago Ochoa Moreno

wsochoa@utpl.edu.ec

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