Nuestra Constitución en su Artículo 1, dice: […] «el Ecuador es un Estado constitucional de derechos y justicia» […] por tanto, estos dos principios fundamentales deben cumplirse en igualdad de condiciones para todos los ecuatorianos, sin exclusión ni privilegios para ninguna persona; lo contrario es violar la primera norma constitucional y demostrar que la Carta Magna… es letra muerta que no se cumplirá jamás.
No obstante, en la práctica, nada de esto se cumple, la Constitución se viola con mucha facilidad y los ecuatorianos vivimos las mismas prácticas obscurantistas del pasado. Todo privilegio en favor de un grupo exclusivo de ecuatorianos, lastima la dignidad, desangra el corazón y mata la ilusión popular. Si hablamos de un pensamiento bolivariano, actuemos en la doctrina y en la filosofía del gran Libertador; si proclamamos a Sucre o Martí como ejemplo de hermandad y de lucha libertaria por la igualdad y la equidad de los pueblos, demostremos en la práctica que emulamos esta forma de construir la patria nueva.
En Ecuador la política está divorciada de la democracia, producto de algunas barreras u obstáculos creados por la dirigencia de los partidos políticos, algunos de estos obstáculos y dilemas se relacionan con la inercia de una cultura autoritaria; la falta de arraigo social de principios y valores de la democracia; un precario desarrollo institucional; la presencia de caudillos y o de prácticas corporativas; la falta de controles democráticos sobre el ejercicio del poder; y, en fin, la persistencia de inadmisibles índices de bajeza intelectual, exclusión y marginación social. Seguimos apostando por una democracia que se vive desde la incertidumbre y la vacilación.
Mi convicción honesta y ojalá, no ingenua, es que una revisión seria de los términos del debate donde se examinan las razones de estas consecuencias es una de las opciones para que la promesa democrática no sea un ideal traicionado y desfigurado… sino un ejercicio real de ciudadanía democrática. Dice Montesquieu: […] “La democracia debe guardarse de dos excesos: el espíritu de desigualdad, que la conduce a la aristocracia, y el espíritu de igualdad extrema, que la conduce al despotismo.” […] La mejor forma de fortalecer la democracia es el sufragio, acto soberano donde los ecuatorianos nos reencontramos con el poder, y a través de este, construimos el camino del cambio para sembrar la simiente de una nueva esperanza, de un nuevo país; para que esto suceda les deseamos: …buen viento… y buena mar.
Lenin Paladines Salvador
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