Una guerra por más justa que parezca sigue siendo una guerra, el conflicto entre rusos – ucranianos y sus implicaciones con la comunidad internacional occidental tiene muchos matices, versiones y connotaciones de carácter político, histórico, económico, cultural o étnico. La posición rusa es comprensible desde la perspectiva de sus justas aspiraciones e históricos reclamos de seguridad con respecto a las olas expansionistas por parte de la OTAN o el guiño económico por parte de la Unión Europea hacia el este. Por otro lado, la región del Dombás y el separatismo pro-ruso que en los últimos ocho años ha vivido un estado de guerra donde las mutuas agresiones han estado presentes a pesar de los acuerdos de Minsk y las negociaciones que evidentemente han terminado desde la invasión militar rusa que se extendió a toda Ucrania en 2022. Las aspiraciones pro-occidentales ucranianas también son legítimas desde la perspectiva de la libertad que en el balance del poder político mundial tiene cada Estado para tomar sus propias decisiones. Sin embargo, surgen algunas preguntas al respecto ¿es urgente que la comunidad internacional se plantee hablar de nuevos conceptos de seguridad? ¿se justifica el uso de la fuerza para imponer posiciones (por más justas que estas sean) cuando el saldo de una guerra sin importar el bando es la muerte y destrucción?
Las potencias militares históricamente han defendido y reclamado sus órbitas de influencia, intereses estratégicos y seguridad, esto ha pasado con Estados Unidos y la doctrina Monroe justificando la hegemonía norteamericana y legitimando muchas veces su interferencia en los asuntos de las repúblicas americanas. Pasa algo similar con Rusia y su órbita de influencia sobre las repúblicas exsoviéticas. Un caso de la historia que podría relacionarse con la actual situación es la crisis de los misiles de Cuba de octubre de 1962 que puso en vilo al planeta con la amenaza de una guerra entre norteamericanos y soviéticos.
Probablemente, las acciones y declaraciones de la OTAN y Unión Europea están motivando a una Ucrania que cada vez se encuentra más lejos de ser parte de occidente y más cerca de una destrucción total por parte de Rusia, estas organizaciones no intervendrán en el conflicto por la simple razón de que Ucrania no forma parte de sus estructuras y por ende del “beneficio” de la seguridad colectiva. Una Ucrania neutral sin la influencia directa de Rusia, OTAN o Unión Europea podría ser una opción válida para enterrar la crisis y permitir que ese país independientemente pueda reconstruirse y encontrar caminos de paz, convivencia y seguridad para sus connacionales. Esta opción también podría frenar el actual conflicto y permitir que rusos y occidentales puedan llegar a un punto medio de entendimiento.
En este mundo cabemos todos y todos somos iguales en dignidad y derechos, debemos dejar a un lado la cultura de la imposición o la fuerza, por una cultura basada en el encuentro, diálogo, alianza o en el principio de la razón. Federico Mayor Zaragoza señala que el mundo está en la obligación de dirigir todos sus esfuerzos hacia la búsqueda de una cultura de paz y no violencia, terminando así con el adagio “si quieres la paz prepárate para la guerra” transformando el concepto por “si quieres paz prepara la palabra”. William Ury se pregunta que, si “la guerra está en la naturaleza humana”, podemos decir “Sí, lo mismo que la paz” no somos seres predestinados a ser violentos, esto significa que como constructores de violencia tenemos la misma capacidad para construir la paz.
Santiago Pérez Samaniego
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