Ahora la humanidad está abocada a un grave y severo problema y crisis: la naturaleza está destruida, en agonía y se está muriendo de manera acelerada. Se evidencia al observar los diferentes ecosistemas existentes en el Ecuador y buena parte del planeta.
Todos somos responsables, con diferentes niveles, lo que está sucediendo. Adoptamos conocimientos y tecnologías que no se ajustan a nuestras realidades biofísicas, económicas y socioculturales. Las universidades no juegan el rol para el que fueron creadas, debido a que no generan ciencia, conocimientos y tecnologías para resolver problemas de su entorno y el entender los principios de la Pachamama, sino que patrocinan lo que el sistema imperante lo requiere.
Quienes han vivido estos últimos 70 años son testigos de la destrucción de la naturaleza. Ningún Gobierno Nacional, asambleístas y autoridades han tomado decisiones firmes para evitar la destrucción de la naturaleza y solo han actuado para obtener beneficios, sin importar la destrucción de la naturaleza y la vida de la población a nivel local, nacional, regional y mundial. En este juego malévolo cayó el ciudadano común y corriente y contribuyó en la destrucción.
Si verdaderamente amamos una vida saludable para nuestros seres queridos, de manera inmediata debemos cambiar nuestra forma de pensar y actuar, por ejemplo, no destruir los ecosistemas de páramo, vertientes y demás ojos de agua, no talar la vegetación, no provocar incendios forestales, no contaminar el agua con venenos por los agroquímicos, con aguas servidas y residuales, no botar la basura y los residuos sólidos en quebradas, ríos y en el campo abierto.
Ahí están el reto y el desafío de todos para cambiar esta realidad, cambiando de actitud.
Luis Sivisaca Caraguay
luisivisaca@gmail.com