Hace pocos días, en una reunión de trabajo de la Academia Nacional de Historia, Capitulo Loja, tuve el honor de recibir de manos de su autor, el doctor Galo Guerrero Jiménez, una obra tan valiosa como exigente: A escribir se aprende escribiendo, Tomo I de la obra Abecedario hermenéutico de la lectoescritura para una educación inclusiva. Fue un gesto maravilloso que lo guardare siempre en un rincón especial de mi alma.
Ya en casa, abordé su lectura con respeto. Se trata de un libro excepcional en el que el auctor, desde la autoridad de su experiencia, afirma que la lectura es la base indispensable de la escritura, en otras palabras, nos dice que escribir no es un acto ocasional ni improvisado, sino un ejercicio que se perfecciona con la práctica continúa, y que esa práctica se fortalece y mejora gracias a una lectura atenta, reflexiva y profunda.
Solo un escritor de la talla intelectual de Guerrero Jiménez podía concebir una obra de esta naturaleza: rigurosa en la técnica y sólida en su arquitectura filosófica. El libro no se limita a proponer métodos educativos; convoca a repensar la educación misma, devolviendo a la palabra su valor formativo, liberador e inclusivo.
No añadiré más elogios personales. Me limito a ratificar lo que muchos escritores lojanos han manifestado con justicia: el doctor Guerrero es, sin lugar a dudas, uno de los más grandes escritores lojanos de los últimos tiempos. Lo es por su prosa firme y depurada, por su dominio del lenguaje y por la coherencia filosófica que atraviesa toda su obra.
Como alguna vez lo conversé con Galo, el oficio de escribir casi nunca recibe el reconocimiento que merece. Es una tarea silenciosa y paciente, muchas veces incomprendida. Sin embargo, la huella que día a día va dejando en la juventud- a través de su ejemplo- será, sin duda, el mayor galardón de su vida. Porque hay libros que no solo enseñan a pensar, sino que, en ese mismo gesto, siembran conciencia y se convierten en legado; y, entonces, como intuía Cicerón al vincular los libros con la vida del espíritu, dejan de ser páginas para convertirse en herencia moral.
Jaime A. Guzmán R.
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