Países como Chile y Perú han crecido económicamente en forma sostenida; sin embargo, en ambos países han llegado al poder coaliciones políticas que tienen un principio común: no creen en la economía de mercado ni en la democracia como sistema político, marco en el cual los países señalados han impulsado su crecimiento.
No es fácil explicar el viraje político extremo, pero mucho tiene que ver una triste realidad que se presenta en varios países de América Latina: a pesar del crecimiento económico, la riqueza sigue concentrada en pocas manos y un gran sector de la población continúa marginada de los beneficios derivados de los indicadores macroeconómicos favorables.
Quienes creemos en la economía de mercado y en la democracia tenemos que reconocer que nuestro «talón de Aquiles» es que la equidad social sigue siendo una quimera. Si la situación no cambia se elevará la conflictividad social y crearán condiciones favorables para que los populismos, de izquierda o de derecha, continúen autoproclamándose en salvadores de los pobres.
Los gobiernos democráticos tienen un gran reto: lograr la equidad social en un marco de libertad y respeto a los derechos humanos. La tarea no es fácil pero sí imprescindible. Hay que utilizar instrumentos legítimos que permitan redistribuir la riqueza, pero cumpliendo con dos requisitos necesarios: aplicarlos en forma técnica y desterrar la corrupción en la gestión de los recursos económicos obtenidos.
Gustavo Ortiz Hidalgo
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